En 1599, Nuestra Señora del Buen Suceso se apareció a una hermana en Quito, Ecuador, y ordenó que se le hiciera una estatua, pues gobernaría el Convento de la Concepción como Abadesa hasta el fin del mundo.

Ella dijo: "En mi mano derecha, coloque el báculo y las llaves del claustro como signo de mi propiedad y autoridad. En mi brazo izquierdo, coloque a mi Divino Niño para que los hombres comprendan lo poderoso que soy para aplacar la Justicia Divina y en obtener misericordia y perdón para cada pecador que viene a mí con un corazón contrito, porque yo soy la Madre de la Misericordia y en mí solo hay bondad y amor ... Que vengan a mí, porque yo los conduciré a Él. . "

La estatua fue completada milagrosamente por los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael en la madrugada del 16 de enero de 1611.

La Madre Mariana había rogado a la Santísima Virgen que se desconociera su nombre. La Madre de Dios aseguró a su fiel hija que solo después de tres siglos de misterioso silencio, se conocería la verdad de las apariciones, en el siglo XX. Como Reina y Madre de un mundo y una Iglesia que entonces sufrían, Nuestra Señora prometió que daría su Buen Suceso a aquellos que recurrieran a ella bajo esta invocación.

Numerosas gracias e incluso una curación milagrosa han resultado de rezar a Nuestra Señora del Buen Suceso por intercesión de la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres.

La Madre Mariana de Jesús Torres (1563-1635) fue una hermana concepcionista española que viajó desde su país al Nuevo Mundo para ayudar a fundar el Real Convento en Quito, Ecuador.

Favorecida con muchos dones singulares del cielo, a esta alma elegida se le dio a conocer muchos eventos futuros, especialmente la dolorosa situación de la Iglesia en el siglo XX.

Nuestra Señora le dijo que en nuestros tiempos lamentables abundarían las herejías, la corrupción de modales y costumbres sería casi completa y la luz de la Fe casi extinguida. Para expiar las muchas profanaciones, blasfemias y abusos y para acelerar el día de la restauración triunfante, se le pidió a esta hermana del siglo XVII que se convirtiera en víctima expiatoria de nuestro tiempo.

Pero Nuestra Señora prometió Su intercesión en el mismo momento "cuando el mal aparezca triunfante y cuando la autoridad abuse de mi poder". Esto "marcaría la llegada de mi hora, cuando yo, de una manera maravillosa, destronaré al orgulloso y maldito Satanás, pisoteándolo bajo mis pies y encadenándolo en el abismo infernal". Estas palabras armonizan perfectamente con el mensaje de esperanza que Nuestra Señora entregó a los tres niños en Fátima en 1917: "Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará".

Nuestra Señora del Buen Suceso - Profecías para nuestro tiempo

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  • Sexta edición

    Formato: Tapa blanda, 72 págs.
    Fecha de publicación: 1ª ed. 1999, 2ª ed. 2000, 3ª ed. 2006, 4ª ed. 2009, 5ª ed. 2015, 6a ed. 2020

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